Como dietista, a menudo me toca hacer más de psicólogo o de «recolocador de vidas» ◽
NO puedes ordenar la nevera de alguien si su vida es un caos 🥴
El síntoma no es el problema: Comer mal, saltarse el entrenamiento o la ansiedad por el dulce casi nunca son un problema de «falta de fuerza de voluntad». Son mecanismos de defensa. La comida es el anestésico más barato y accesible del mercado para tapar el estrés, la soledad o la insatisfacción laboral.
No se puede nutrir un cuerpo que se odia: Muchos clientes llegan buscando un plan para cambiar su cuerpo porque piensan que cuando tengan un abdomen marcado o pesen X kilos, por fin se querrán y sus problemas desaparecerán. Cuando se dan cuenta de que el vacío sigue ahí, abandonan.
La energía es finita: Si una persona gasta el 90% de su energía mental en sobrevivir a un trabajo tóxico o a una relación rota o un período de luto, pedirle que use el 10% restante en pesar la comida o ir a entrenar a las 8 de la tarde es pedirle un imposible.
A veces, el primer paso de la dieta es aprender a decir «no» en el trabajo.
Pienso que mi labor es compleja porque estoy en primera línea de guerra. A veces, el mejor favor que les hago no es cambiarles los macros, sino escucharles y hacerles ver que el cambio empieza fuera del plato.
«Para cambiar lo que comes, primero hay que entender qué te está comiendo a ti.«
